La magia del arte urbano reside en su capacidad de convertir lo cotidiano en un espectáculo visual: paredes, columnas y espacios públicos se transforman en lienzos llenos de color, movimiento y creatividad.
Ciudades como Nueva York, origen del grafiti moderno en las décadas de 1960 y 1970, han sido fundamentales en su desarrollo. Además, el arte urbano recibe apoyo institucional en varias metrópolis.